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NUEVOS TIEMPOS, NUEVAS IDEAS

Desde el pasado día 20 de diciembre viene insistiendo el Presidente del Gobierno en funciones Mariano Rajoy, una y otra vez, que el Partido Popular fue el que ganó las elecciones. Pero olvida el Presidente del Partido Popular que en el régimen parlamentario poco cuentan los votos y lo verdaderamente decisivo para alcanzar mayorías son el número de escaños y las alianzas que puedan producirse entre las distintas fuerzas políticas.

El gran error de Rajoy fue no aceptar el ofrecimiento que cómo candidato a la investidura le hizo Su Majestad el Rey. De haberlo aceptado, seguramente hoy podría haber sumado a sus 123 diputados los 40 de C’s, haciendo un total de 163. Pero perdió su oportunidad y su posible aliado ha blindado un pacto con el PSOE con 130 diputados en total.

Para mí el error de Rajoy se me antoja histórico porque de una forma u otra va a perjudicar a todos los ciudadanos y especialmente a sus votantes. La explicación es muy sencilla. Con dos meses por delante y en cabeza de posición hubiera podido pactar, además de con C’s, con PNV y C.C. caso de no haber arrastrado a Pedro Sánchez que, por lo que transmite, sólo desea alcanzar su supervivencia política, oxígeno que le ha dado el Presidente en funciones para que el líder del PSOE no se presente a su Congreso del próximo mes de mayo con las manos vacías.

Rajoy no es un líder. Tampoco su partido es un modelo de democracia interna, pues llegó a donde está gracias al dedo divino de su antecesor Aznar. Por lo demás, la corrupción de numerosos cargos en su partido no ha sabido gestionarla acertadamente, pues al deber in eligendo se suma el deber in vigilando. En los dos se ha equivocado gravemente. Ahora le toca remar a contracorriente, ardua labor de quién no está acostumbrado a ello por haber ostentado en la anterior legislatura un poder omnímodo.

Su única salida, en perjuicio de los españoles, son unas nuevas elecciones generales que viniesen a borrar tanto desafecto de la ciudadanía y los graves errores cometidos. Pero aun así, en su caso, le pasará factura, aunque alcance una decena más de diputados.

Aunque no es el mejor candidato, razonablemente no hay tiempo para el cambio, sería contraproducente. Por eso, para no perjudicar más a los ciudadanos, al partido y darle titulares a la prensa lo mejor que pueden hacer en estos momentos los que especulan en voz baja sobre un posible recambio es mantenerse en silencio, porque los cargos políticos que tienen –algunos de forma inmerecida- a Rajoy se los deben.

Aunque no es el momento, sí es imprescindible lo antes posible la regeneración del Partido Popular, por el bien de la democracia y el necesario  equilibrio de las distintas fuerzas políticas que garanticen la alternancia en el poder. Corren otros tiempos, nuevas brisas e ideas. Algunos ya se han ido. A otros la corrupción les ha echado. Pero en Génova quedan bastantes elefantes que, aunque no se sabe muy bien que hacen, es hora ya de que emprendan el camino de su cementerio político.