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LA OPCION DE ALBERT RIVERA

Aunque no era lo previsible ni esperado, es probable que haya llegado el momento de Albert Rivera hacia La Moncloa. Distinto es que el Presidente de Ciudadanos acepte el reto. A estos efectos es indiferente que cuente sólo con 40 diputados. A su favor cuenta su claridad respecto a la idea de Estado, su indiscutible defensa de la unidad territorial de España, su equilibrado programa económico, su defensa del estado de bienestar y su apuesta decidida contra la corrupción política.

Difícil que el PP pueda formar Gobierno por la falta de apoyos. En igual tesitura se encuentra el PSOE con Pedro Sánchez amortizado por su fracaso electoral y dispuesto a formar alianzas para gobernar con partidos nacionalistas e independentistas que conducirían inexorablemente a la fragmentación de España. El Comité Federal no se lo va a permitir.

Siguiendo el turno correspondiente, lo lógico es que Mariano Rajoy trate en primer lugar de formar Gobierno, circunstancia improbable con los 123 diputados que cuenta. Por lo demás, Susana Díaz y los barones territoriales ya le han dicho a Pedro Sánchez, como primera línea roja, que un hipotético pacto con Podemos no cabe por la defensa programática de Pablo Iglesias respecto a un referéndum en Cataluña. Pero si Sánchez salvara ese escollo, el Comité Federal de los socialistas le pondrá nuevas líneas rojas hasta que la Presidenta de Andalucía alcance la Secretaría General del partido para regenerarlo en toda su extensión.

Agotadas las opciones anteriores sólo cabría la alternativa de Albert Rivera con el apoyo explícito o implícito de PP y PSOE, en un gran pacto constitucionalista. No puede olvidarse que Ciudadanos hizo posible la gobernabilidad en distintas Comunidades Autónomas y municipios. En el presente momento, a la vista de los resultados electorales, esa es una de las bazas que podría esgrimir Albert Rivera que, quizás, con ojo de halcón, visualizó el pasado mes de mayo lo que podía ocurrir en las elecciones generales.

Sánchez es un cadáver político andando a la deriva. Rajoy carece de apoyos aunque en su partido traten de disimularlo. Y ambas formaciones políticas, la del uno y la del otro, han protagonizado los mayores escándalos de corrupción política e institucional desde que se instauró la democracia.

Albert Rivera no incomoda ni a unos ni a otros y supone el cambio político por el que se han pronunciado los españoles el pasado 20 D. Es comprensible que el Presidente de Ciudadanos se lo pudiera pensar dos veces. Pero unas nuevas elecciones no cambiarían significativamente el actual resultado electoral. Y de cambiar sería a peor, excepto a Podemos.