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REFUGIADOS DE GUERRA

Las decenas de miles de refugiados que están llegando a Europa huyendo del conflicto bélico sirio no son inmigrantes, son refugiados que escapan de las atrocidades de la guerra, principalmente en Siria.

Los medios de comunicación, principalmente la televisión y los periódicos de todo el mundo, nos han mostrado estos días escenas patéticas de sufrimiento humano, que ya ha costado varios miles de muertos, principalmente en aguas del Mediterráneo. Dantesca la escena y la historia del pequeño niño sirio Aylan Kurdi de 3 años ahogado junto a su hermano y su madre en una playa de Turquía.

No podemos ser insensibles en Europa ante tanto dolor. Y como siempre la solidaridad de cientos de miles de familias europeas que quieren acoger a los refugiados ha ido por delante de las instituciones políticas europeas que, aunque seguían puntualmente el conflicto sirio, no estaban preparadas para asumir las consecuencias del éxodo masivo de uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis: la guerra.

No es que nos encontremos al final de los tiempos, puesto que las guerras han sacudido a la humanidad en todo momento. Es que no podemos permanecer insensibles ante escenas desgarradoras como las que estamos contemplando diariamente.

Parece que por fin la gobernanza europea está asumiendo la dimensión global del problema. Dentro del drama humano que están viviendo los desplazados no debemos considerar la expatriación como nueva complicación en la integración europea, sino como la oportunidad para que Europa avance  en la unión y el reforzamiento de nuestras instituciones comunitarias.

Debemos pensar que para seguir desarrollando y consolidando el modelo político que une a más de 500 millones de habitantes se necesitarán a medio y largo plazo flujos migratorios que fortalezcan y afiancen la economía comunitaria. Pero, con independencia de lo anterior, no podemos ni debemos consentir que a los refugiados se les trate de devolver a sus países de origen mientras EE UU y algunos países de Europa miran con desdén la crueldad de la guerra, pensando quizás que el conflicto bélico se desarrolla a varios miles de kilómetros de sus respectivos países.

La Comisión Europea se propone  acoger un total de 160.000 refugiados, aunque en los próximos meses llegarán varios de cientos de miles más. El potencial económico europeo es suficiente y está en condiciones de hacer de la necesidad una virtud.