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PERDIÓ RAJOY

Las elecciones autonómicas y municipales celebradas ayer las ha perdido Rajoy, no el PP que sumó mayor número de votos que ningún otro partido. El Presidente, que no se presentaba en ninguna circunscripción electoral, debió pensar que se votaba en Bruselas y no en España. Pero como Rajoy se implicó enérgicamente en la campaña electoral ha sido el artífice directo de la debacle sufrida por su partido.

Los electores, con su voto, han visualizado en el conjunto del territorio nacional el mensaje de que Rajoy está amortizado. Su discurso monotemático de regeneración democrática y de recuperación económica ya ha tenido respuesta en las urnas. A la vista de los resultados algunos barones populares hubieran preferido que su Presidente se hubiera quedado en la Moncloa en vez de visitar en campaña  sus respectivos feudos electorales. Algo parecido le ocurrió a Rodríguez Zapatero y posteriormente a Pérez Rubalcaba.

Anoche Rajoy ni siquiera compareció en ninguna rueda de prensa. Cospedal estaba abrumada. Fabra circunspecto sosteniendo por el brazo a la otrora poderosa Rita Barberá. Monago escenificaba la entrega del plato y la cuchara a Fernández-Varas. Y aquí, en Madrid, Esperanza entregaba las llaves de la capital del Reino, recordándome el cuadro de La Rendición de Breda como si Velázquez volviera a pintarlo ahora, con el agravante de que ni siquiera supo esperar el discurso victorioso de Cifuentes.

En la planta séptima de Génova se decidió que fuese Floriano quien, de entrada, apechugara con los resultados ante los medios de comunicación. Y en su faena de aliño, después de decir que el PP había ganado las elecciones, despachó apresuradamente el morlaco electoral. Ni hubo petición de oreja, ni vuelta al ruedo. En términos taurinos, el mensajero “salió por pies tomando el olivo”.

Rajoy confunde los votos con el poder. Poco de este último le va a quedar en numerosas comunidades autónomas y ayuntamientos de más de 50.000 habitantes si cristalizan los pactos o acuerdos postelectorales que se vislumbran. Para Génova la pedrea y poco más.

El desplome popular hace imprescindible la renovación profunda en el partido, empezando por su Presidente, quizás este último adulado por su Guardia de Corps y su áulico consejero electoral. Así no puede llegar ni a noviembre ni, en el mejor de los casos, a febrero de 2016 si atrasara los comicios generales. No tiene ya Rajoy ni carisma, ni discurso, ni imagen electoral. Se lo ha dicho el pueblo soberano en las urnas.