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VERGÜENZA MUNDIAL EN NEPAL

En los últimos días estamos asistiendo atónitos a las consecuencias del terremoto de intensidad 7,8 en la escala de Richter que ha sacudido a una gran parte de Nepal extendiéndose a otros países limítrofes. El terremoto ha sido seguido de otras sacudidas sísmicas de menor intensidad, pero que en su conjunto han dejado prácticamente devastada Katmandú.

El Servicio Geológico de Estados Unidos situó el epicentro a 80 kilómetros de la capital nepalí y a 10 kilómetros de profundidad. El movimiento telúrico podía haberse detectado con anterioridad ya que distintos sismógrafos habían acusado en la zona movimientos de placas tectónicas. Pero para los países desarrollados de occidente Nepal pertenece al tercer mundo, al igual que Sierra Leona, Liberia y Nigeria en el caso del ébola: una vergüenza mundial.

Las cifras de fallecidos pueden llegar a 10.000 y la de heridos más de 15.000. Decenas de miles de nepalíes han abandonado sus hogares y permanecen en la calle y en alguno de los 18 campamentos habilitados por el Gobierno de Nepal. No se sabe bien el número de personas desaparecidas, entre las que se encuentran más de 60 españoles en ignorado paradero. La respuesta a todo ello del Gobierno de Rajoy ha sido satisfactoria, pero insuficiente en comparación con el despliegue realizado por algunas ONGs, sobre todo teniendo en cuenta el presupuesto del Gobierno español y el número de compatriotas ilocalizados por el momento.

Si contrastamos el despliegue de medios humanos y materiales que se emplearon hace pocas semanas como consecuencia del trágico accidente aéreo producido en los Alpes, en el que fallecieron 150 personas, con los desplegados ahora en Nepal, sólo podemos afirmar desde Europa que el desastre telúrico nepalí pone en evidencia que las vidas humanas en aquel país, a los pies del Everest, tienen menos valor que la pérdida de vidas humanas a los pies del Mont Blanc. Otra vergüenza mundial.