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TRES MILLONES DE VOTOS

Esa es la cantidad de votos que desea recuperar el PP de aquí a las próximas elecciones generales de noviembre de 2015. Muy complicado el objetivo que se propone el Presidente del Gobierno. También muy tarde. El desgaste gubernamental en los últimos tres años ha sido enorme. Querer recuperar en doce meses el terreno político perdido desde 2011, teniendo en cuenta los motivos de dicha pérdida, es tanto como pretender que un camello pase por el ojo de una aguja.

Acertó el consejero áulico del Presidente cuando pocos días antes de las elecciones europeas le pronosticó el avance significativo de la ahora primera fuerza política –Podemos- en estimación de voto.

Aun con esa advertencia electoral, que luego se confirmó con los resultados definitivos de las europeas, Moncloa siguió confiando en el rédito electoral que a futuro supondrían los resultados económicos obtenidos en tres años de legislatura. Pero no reparó que dichos logros no se repartían por igual entre los ciudadanos. En el último año, mientras el Ejecutivo vendía políticamente los avances significativos del PIB español, la inmensa mayoría de futuros votantes veía que en su bolsillo había menos dinero. Y el que tenían, con menor poder adquisitivo. Mientras tanto, el paro no descendía significativamente en proporción al buenismo económico que anunciaba el Gobierno.

El problema que se plantea ahora es que el PP se ha quedado solo. Ni siquiera el PSOE quiere acordar ningún pacto anticorrupción con el partido en el Gobierno. Los socialistas no quieren implicarse en esos lodazales. Pedro Sanchez, sin consejeros áulicos, va buscando distanciarse ideológicamente del PP tratando de implantar una regeneración democrática ilusionante, aunque es cierto que los apoyos que tuvo para alcanzar la Secretaría General del partido se van diluyendo rápidamente.

Tampoco se vislumbra factible acuerdo postelectoral alguno entre el PP y los partidos nacionalistas. Quizás la política seguida por el Presidente del Gobierno respecto al desafío independentista catalán no haya sido la más acertada. Y para tratar de salvar la imagen política no le ha quedado otra alternativa que escenificar la querella criminal presentada por la Fiscalía de Cataluña contra el Presidente de la Generalitat, la Vicepresidenta y la Consellera de Educación. Veremos en el futuro  que queda de todo ello.

En el escenario anteriormente descrito consideramos un reto inalcanzable el proyecto actual del Presidente del Gobierno de sumar a las encuestas de intención de voto los tres millones que se propone. Una cosa es la “cocina” de Génova y otra bien distinta es lo que se cuece en la calle.