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INCREMENTO EN LA VENTA DE AUTOMÓVILES

Lo normal en una economía que entró en fuerte recesión en el último trimestre de 2008 y ha estado en dicha situación hasta mediados de este año es que primero se recuperen –como así está sucediendo- los índices macroeconómicos a nivel nacional para que posteriormente lo hagan las pequeñas empresas y las economías domésticas o familiares.

La senda de recuperación económica que está recorriendo España es correcta, pero con el grave problema de que no se vislumbra a corto plazo en el horizonte un descenso sustancial del paro ni un aumento de la demanda interna de consumo, que deben de ser, a la postre, las fuerzas motoras de nuestra recuperación económica.

 

Es satisfactorio que la prima de riesgo haya caído hasta los 239 puntos y que las colocaciones de deuda pública se realicen a tipos de interés muy por debajo de los de hace un año.

Es significativo que en el pasado mes de octubre las ventas de automóviles hayan alcanzado 60.301 unidades, con un incremento del 34,4% respecto al mismo periodo del año anterior.

Pero contradictoriamente a los anteriores datos, según nos revela el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) marcó en octubre pasado 65,3 puntos, casi 5 puntos menos que el registrado en el mes anterior. De igual forma, el Índice de Expectativas de Futuro (IEF) descendió el pasado mes casi 6 puntos, situándose en 79,5 puntos. Al mismo tiempo, la tasa de los que consideran que en la actual situación económica (octubre) encontrar un puesto de trabajo es más difícil que hace 6 meses ha aumentado 2,5 puntos respecto al mes anterior, llegando al 62,5%.

¿Cómo interpretar razonable y prudentemente los anteriores datos, algunos de ellos –descenso de la prima de riesgo e incremento de la matriculación de vehículos- contradictorios entre sí con el ICC y el IEF,  entre otros?

La respuesta no es otra que nos encontramos ante una bipolarización económica que está sufriendo la población española como consecuencia de la crisis. Nuestro país ocupa actualmente el décimo puesto en el ranking mundial con más concentración de riqueza. Sin embargo, nuestra posición es bastante más atrasada entre los países del mundo con mayor PIB.

Pero si analizamos también el ranking mundial de renta per cápita por países, publicada por el Banco Mundial en 2012, encontraremos una respuesta acertada a nuestra interrogante: España ocupa el lugar 22, por detrás de Italia y delante de Puerto Rico.

En las antedichas circunstancias, con una clase media menguante en España, un aceleramiento de población desfavorecida y un incremento porcentual de mayor tasa de concentración de riqueza en los últimos años, no es de extrañar que se hayan matriculado el pasado mes de octubre 15.428 vehículos más que en el mismo mes del año anterior.

El Gobierno debería de tomar con cautela el dato indicado de incremento del 34,4% en las matriculaciones de vehículos. Aun siendo positivo debe el Ejecutivo analizar la raíz sociológica del mismo, porque dichas matriculaciones, en gran parte, corresponden a renovaciones de flota de grandes compañías, a vehículos de alta gama a la que no tienen acceso las mermadas clases medias de población y, finalmente, a la necesidad de un amplio segmento de particulares de sustituir su vehículo deteriorado por razón del tiempo, pues no debe olvidarse que la media de nuestro parque de automóviles se sitúa por encima de los 10 años de antigüedad.

Por tanto, no es tiempo de echar las campanas al vuelo puesto que  el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) ha descendido en el último mes un 7,12% con independencia de las matriculaciones de automóviles realizadas. Esa es la realidad y no otra.