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OPTIMISMO…, PERO MODERADO

El ministro español de Economía y Competitividad, Luís De Guindos, ha afirmado hoy a su llegada a la reunión de ministros de Economía y Finanzas del Eurogrupo, que se celebra en Vilna (Lituania), que “el objetivo para este año de situar el déficit por debajo del 6,5% del PIB es alcanzable y realizable”.

Dicha manifestación ha sido la respuesta a lo manifestado por el Banco Central Europeo, que ayer sostuvo -de forma prudente- no estar seguro de que España pueda cumplir este año el déficit marcado por Bruselas, añadiendo que dependerá “de una fuerte recuperación de los ingresos tributarios en la segunda mitad del año”.

Muy fuerte tiene que ser dicha recuperación si tenemos en cuenta la elevada presión fiscal proveniente de las últimas reformas gubernativas, porque en el estado actual de nuestra economía y con el elevado índice de paro en España es complicado incrementar la recaudación tributaria para que solamente, por esa vía, se pueda sostener el déficit por debajo del 6,5% previsto por el Gobierno español.

De Guindos ha dicho que “hemos ido obteniendo ahorros importantes en el ámbito de los intereses de la deuda, con un ahorro de más de 5.000 millones de euros”. Es cierto lo manifestado por el ministro, pero conviene matizarlo. En este sentido, si el Tesoro no hubiese adelantado tantos meses el volumen de emisiones de deuda pública para garantizar los compromisos de pago, con toda seguridad el ahorro indicado por De Guindos hubiese sido mayor como consecuencia del descenso en los últimos meses de la prima de riesgo. Descenso, por lo demás, esperado y previsto por el Gobierno.

No debe el ministro incidir tanto en la reducción de la deuda pública como consecuencia de la bajada de los intereses y de la recaudación fiscal, sino que debería focalizar más el problema en la necesidad de reducir el gasto de las administraciones públicas.

Según los datos publicados hoy por el Banco de España, la deuda pública, a final del segundo trimestre de este año, ha crecido un 17,16% respecto a igual periodo del año anterior, situándose en 942.758 millones de euros, es decir, el 92,2% del PIB. El dato oficial no es bueno y supone el máximo endeudamiento de España en la serie histórica.

Por tanto, con el fuerte incremento impositivo realizado ya por el Gobierno español, no cabe otra solución que reducir drásticamente el gasto público sobre el que gravita, en gran parte, el crecimiento de la economía española. No se trata de que ahorremos solamente a través de la moderación de los tipos de interés en la deuda emitida. Tampoco se trata de que a través de la fiscalidad se recaude más, afectando al consumo interno, que bastante deprimido está. Se trata de que las administraciones públicas gasten menos y ajusten sus necesidades a la verdadera realidad del país. Esa debe de ser la senda del necesario crecimiento económico que deseamos todos y no otra. Lo demás son espejismos e ilusiones.