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ESPAÑA PARADA

Las cifras oficiales del paro en el pasado mes de septiembre son dramáticas. El número de parados ha aumentado en dicho mes en 79.645 personas y el número de afiliados a la Seguridad Social cayó en septiembre en 86.174 afiliados. Tras estos datos facilitados por la Secretaria de Estado de Empleo, Engracia Hidalgo Tena, el número total de desempleados suma ya 4.705.279 y el de afiliados a la Seguridad Social se sitúa en 16.809.803.

Por mucho que se empeñe Hidalgo en manifestar que las cifras del paro son mejores que las del mismo mes del año anterior -en que se perdieron 104.943 puestos de trabajo-, lo cierto es que dicha afirmación, en el desolador panorama económico en que se encuentra España, es como una especie de brindis al sol al que ya nos tienen acostumbrados nuestros políticos.

Más prudente fue el Secretario de Estado de la Seguridad Social, Tomás Burgos, que frente a la pérdida de 86.174 afiliados en septiembre dijo que el indicado mes es un periodo del año “en el que se concentra una notable disminución de afiliaciones”. Pero tampoco vale excusa alguna porque en septiembre de 2007 el número de afiliados era 19.290.985. En igual mes de 2008, 19.020.360. En 2009, 17.935.095. En 2010, 17.671.480. En 2011, 17.435.562. Y en septiembre de 2012, los indicados 16.809.803. Es decir, año tras año, vamos a peor. En los cinco últimos se han perdido 2.481.182 de afiliaciones. Tan elevado número de pérdidas es lo suficientemente elevado como para poner en duda la sostenibilidad del Sistema. Sólo en lo que va de año se han perdido 625.759 afiliados, con un retroceso interanual del 3,59%.

Los datos anteriores obligarán a un mayor esfuerzo gubernamental para atender las prestaciones de desempleo, que a partir del sexto mes pasarán del 60% al 50% de la base reguladora.

Si tenemos en cuenta que la contracción del PIB en el segundo trimestre de 2012 fue del 0,4%, con una caída en la tasa interanual del 1,3%, no es aventurado pronosticar que el descenso del PIB en el año 2012 será, aproximadamente, del 1,5%. Si además consideramos que a final de año España no cumplirá con el déficit público previsto del 5,3% y lo superará previsiblemente en 6 décimas, hasta el 5,9%, el panorama económico que puede visualizarse a futuro es desolador.

Con las últimas medidas fiscales aprobadas por el Gobierno es prácticamente imposible que la economía española pueda crecer y rebajarse la tasa de paro. También los ajustes presupuestarios para 2013, aunque necesarios, en absoluto la van a relanzar.  

Aparte de todo lo anterior, Rajoy se debate entre si acometer la necesaria reforma de la Administración del Estado y de las Comunidades Autónomas –como le ha solicitado Bruselas- o realizar un simple maquillaje de las mismas. La diferencia -en términos económicos- entre ambas opciones es importante. El adelgazamiento necesario de empresas públicas, funcionarios, asesores, etc. supondría un considerable incremento de las prestaciones de desempleo, que ya es muy considerable. Dicha opción –que está en su hoja de ruta- la contempla seriamente, aunque no se ha decidido, por el momento, a dar el paso hacia adelante. Sólo lo dará cuando realice la solicitud de rescate al Eurogrupo y pueda contar con los fondos necesarios.

El rescate no puede demorarse por más tiempo porque España está parada. La actividad económica bajo mínimos. Las cifras de paro en máximos históricos. El sufrimiento de cientos de miles de familias en las que ninguno de sus miembros trabaja no tiene parangón. Y los que tienen trabajo se encuentran en alerta por lo que pueda pasar.

El diario The New York Times apuntaba hace unos días, en un editorial, que "la paciencia ciudadana se está acabando por las políticas de austeridad demandadas por el Gobierno alemán y los líderes de la Unión Europea, que han fracasado notablemente en su intento de reducir la carga de la deuda y pavimentar el camino hacia la recuperación económica". Coincido con el editorialista. Aunque Rajoy tiene las manos atadas, porque depende de Berlín y Bruselas, no le queda otra opción –la menos mala- que pedir el rescate. Cuanto antes lo solicite mejor.