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ESPERANZA AGUIRRE CLARA ALTERNATIVA A RAJOY

El liderazgo de Mariano Rajoy en el PP empieza a ser cuestionado y discutido. El Presidente contestó en su Galicia natal el discurso independentista de Artur Mas ofreciéndole diálogo y entendimiento. Pero, frente a posiciones independentistas del líder catalán, no cabe ni lo uno ni lo otro. Tampoco en la Constitución Española. Bien ha hecho la Secretaria General del Partido, María Dolores de Cospedal, acompañada por sus tres Vicesecretarios, en rectificar al líder popular. Mejor éste hubiera estado callado que tropezar seriamente en asunto tan indiscutible como es la unidad de España. Los líderes de la Unión Europea no dan crédito ni a las pretensiones de Mas, ni a la posición de Rajoy, ni mucho menos a las declaraciones de Rubalcaba  en favor de un Estado federal.

Mientras a los españoles les preocupa seriamente el paro y la reactivación económica, siendo cada vez más las familias que tienen dificultades para llegar a fin de mes, el Presidente orilla la profunda reforma de la Administración del Estado y de las Comunidades Autónomas y se entretiene en su compromiso con Galicia. Quizás sea todo ello porque la prima de riesgo se ha relajado exclusivamente con la promesa del Presidente del BCE, Mario Dragui, de que compraría deuda española, pero bajo “condicionalidad estricta”, que parece olvidar  el propio Rajoy.

El Gobierno español sigue negociando en Bruselas las condiciones del rescate. Demasiado tiempo para el corto trayecto que queda con la crítica situación de nuestra economía. Se lo han dicho a Rajoy los principales líderes mundiales. Nadie duda ya de la necesidad del mismo. La cuestión a dilucidar es si el rescate será antes o después de las elecciones en el País Vasco y Galicia, convocadas para el próximo día 21 de octubre. Posiblemente, en el protocolo final, no se utilice tan denostada palabra para no sonrojar ni humillar al Gobierno español. No será un rescate a la griega. Lo más probable es que sea una línea de crédito preventiva con condicionalidad reforzada. Es decir, una herramienta para países que, cumpliendo con las exigencias de Bruselas, tienen problemas de financiación. Se llame como se llame –la denominación poco importa- lo que se discute actualmente en Bruselas son las condiciones del rescate español. No es serio en democracia que a los ciudadanos se les oculte la verdad, llámese ésta como se llame.

Bien seguro que la compra de deuda española se hará a corto plazo por parte del BCE, con vencimientos entre uno y tres años, previa solicitud al Eurogrupo de la asistencia del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) o del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), cuando éste entre en vigor. Otra de las circunstancias que al respecto se estudia actualmente en Bruselas es el riesgo que supone para la estabilidad del euro poner en marcha la maquinaria de imprimir billetes y las consecuencias inflacionistas que ello podría suponer a los distintos países que conforman la zona euro. Por tanto, las condiciones de Bruselas serán estrictas, sin margen de maniobra para el Gobierno español. En todo caso es de esperar un nuevo golpe de tuerca a la ya maltrecha economía española.

Al tiempo de las negociaciones de Bruselas, el Presidente de la Generalitat ha sacado indecorosamente  la lengua con el asunto de la independencia de Cataluña. Pero como Rajoy se ha encogido, ofreciendo diálogo y entendimiento, Rubalcaba se ha pronunciado a favor de España como  Estado federal. ¡Qué espectáculo! ¡Qué desatino de unos y otros! ¡Vaya esperpento nacional!, que diría D. Ramón del Valle-Inclán.

Aunque Rajoy pudiera tener un resultado satisfactorio en las próximas elecciones de Galicia, lo cierto es que a partir de dicho momento comenzará su via crucis europeo y su particular calvario autonómico. Si en el País Vasco es más que presumible que pueda formar Gobierno el PNV y Bildu -que bien seguro airearán también proclamas independentistas-, en Cataluña –cuando se celebren próximamente los siguientes comicios electorales- los partidos independentistas ganarán las elecciones y el PP seguirá siendo un partido residual.

Bien ha hecho Esperanza Aguirre dimitiendo como Presidenta de la Comunidad de Madrid y dejando su escaño en la Asamblea. No podía hacer otra cosa. Sus diferencias con Rajoy eran evidentes. Si su enfermedad lo permite –y todo hace presagiar que así sea- Esperanza volverá a la política. En estos momentos es la única alternativa a un Rajoy al que la actual situación política y económica le viene grande y le sobrepasa. Rajoy, confuso y desorientado, está perdiendo el sentido de Estado. Todo ello, en algún momento, le pasará factura.